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Leishmaniosis en España: ¿una zoonosis emergente?

Autor

Veterinaria.org

Fecha de publicación

18/06/2010

Resumen

La Leishmaniosis es una zoonosis, una patología compartida por perros y humanos. Se trata de una zoonosis de tipo indirecto; esto significa que la transmisión no puede realizarse por contacto directo entre hombre-animal, sino a través de insectos vectores, los flebotomos, que infectan a través del reservorio de la enfermedad, el perro.

Artículo



 

 

El flebotomo va a picar a una variedad de animales de sangre caliente, entre ellos el hombre. El perro es el reservorio de la Leishmaniosis: en estos animales la infección se transmite por el vector durante la estación primavera-otoño y puede pasar de manera inadvertida durante meses o años. La Leishmaniosis es una parasitosis canina con una doble repercusión: por un lado, en Salud Pública dado el carácter zoonótico del proceso y el papel del perro como reservorio y, por otro, en medicina veterinaria, en la que por su notable incidencia y dificultad en el diagnóstico precoz, constituye una enfermedad altamente problemática.

   Estos y otros datos acaban de ser analizados durante la celebración del “II Curso de Infectopatología”, los días 7 y 8 de mayo en el Colegio de Médicos de Madrid, organizado por la Fundación IO (Internacional Infectious Diseases Organization), la Asociación Española de Micología y Club de Patología Infecciosa de la SEAP (Sociedad Española de Anatomía Patológica). Expertos de medicina humana y veterinaria acaban de poner encima de la mesa la creciente preocupación por la progresión de la Leishmaniosis.

   En España, las regiones más afectadas hasta el momento por la Leishmaniosis canina son Andalucía, Palma de Mallorca, la Comunidad Valenciana y Cataluña. Pero, en los últimos años, se ha comprobado que no sólo las zonas de clima típicamente Mediterráneo son proclives a la enfermedad. Según los últimos datos, las zonas del Norte de España están registrando cada vez más casos de perros afectados por Leishmaniosis, como en el País Vasco y Galicia. Y, en Madrid en los últimos 15 años el riesgo de tener un animal infectado se ha multiplicado por 1.54.

   Para el Dr. Fernando Fariñas, del Centro de Enfermedades Infecciosas y Salud Internacional e Instituto de Patología y Enfermedades Infecciosas de Málaga y Granada, y Coordinador del II Curso de Infectopatología celebrado en Madrid, “este encuentro supone la oportunidad para que los distintos profesionales de la Salud tengan conocimiento de esta enfermedad y sean conscientes de la necesidad de establecer protocolos de diagnóstico y búsqueda activa de casos, que nos permitan conocer la prevalencia e incidencia real de la Leishmaniosis humana en nuestro país“.

   El propietario informado, pero no asume el verdadero riesgo real y le cuesta prevenir

   La Leishmaniosis conlleva terapias que deben ser suministradas al perro durante toda su vida, las cuales llevan a una mejora transitoria de la salud del animal pero que no logran erradicar el parásito. Las recaídas son frecuentes y difíciles de tratar, ya que es una enfermedad que se puede tratar pero no curar, lo que lleva al sacrificio del animal.  Los síntomas más agudos y graves se inician con fiebre elevada y discontinua, anorexia y abatimiento general. Puede ir acompañado de lesiones cutáneas, pérdida de peso con hiperestesia, paresia y parálisis de las piernas traseras, seguido de la muerte en pocos días.

   Según un estudio realizado durante el 2008*, la mitad de los hogares españoles con perro conocía esta grave patología. El nivel de información de los hogares españoles con perros es alta: un 88% saben cómo se transmite, frente a un 11,8% que todavía desconoce que la Leishmaniosis puede ser transmitida también al hombre. Asimismo, un dato preocupante es que un 67,3% de los propietarios reconocen saber si se puede prevenir, por lo que no asumen la importancia de tomar medidas preventivas de protección durante todo el año.

   Para la Dra. Guadalupe Miró del Departamento de Parasitología y Enfermedades Parasitarias de la Universidad Complutense de Madrid, “El cambio climático y socioeconómico global está modificando la epidemiología de las enfermedades transmisibles y especialmente las transmitidas por vectores artrópodos (mosquitos, garrapatas, etc.) y es un hecho que se ha producido un incremento en el movimiento de turistas y mascotas por todo el territorio europeo, lo que está produciendo que se presenten enfermedades en áreas donde no se habían presentado antes. Un ejemplo claro es el incremento en el número de perros con Lesishmaniosis en países del Centro y Norte de Europa donde, hasta hace unos años, esta enfermedad era considerada “exótica”.

Prevenir la Leishmaniosis: responsabilidad del veterinario y del propietario

En los últimos años se ha hecho patente la necesidad de crear grupos de profesionales, como LeishVet (Grupo de expertos para el manejo y control de la Leishmaniosis canina en Europa) o ESCCAP (Consejo Europeo para el Control de los Parásitos de los animales de compañía),  que pretenden ser puente de diálogo sobre el manejo de la enfermedad con veterinarios clínicos, científicos, autoridades sanitarias y el público en general. El objetivo principal de estos grupos de trabajo reside en analizar la situación real de las parasitosis de los animales de compañía, y  en concreto de la Leishmaniosis,  e intentar unificar criterios en cuanto a las pautas de control y manejo de las enfermedades parasitarias, tanto por su importancia clínica veterinaria como por el carácter zoonósico de ella.

   La Dra. Guadalupe Miró, miembro fundador de LeishVet y presidenta además de ESCCAP España, ha apuntado durante la mesa redonda que, “la educación sanitaria es fundamental y que la medicina preventiva es el presente. Así pues, el propietario debe ser informado de manera adecuada por los veterinarios que deben recomendar las medidas de protección adecuadas para viajar a las distintas zonas de riesgo de las enfermedades citadas, en especial de la Leishmaniosis, conociendo en cada caso la distribución y prevalencia de las mismas“.

   De ahí la importante implicación de esta enfermedad en la salud pública, por lo que es imprescindible que el veterinario dedique todo el tiempo que sea necesario para explicar al propietario del perro todas las medidas encaminadas a la protección de los perros y las personas.

   Ya en 1990, la OMS recogió cerca de 12 millones de casos de Leishmaniosis humana en el mundo, con un incremento entorno a 400.000-1.200.000 de nuevos casos al año, principalmente en países de zona ecuatorial y subecuatorial.

  Hoy en día no existe una vacuna contra la Leishmaniosis para uso humano o canino, por lo que la única profilaxis disponible hasta el momento es la prevención de la picadura del flebotomo adoptando desde el principio las máximas precauciones para limitar las posibilidades de que el perro contraiga la enfermedad. Según un estudio interno de Intervet Schering Plough, el 86% de los veterinarios españoles aconsejan que el dueño del perro aplique insecticidas sobre el perro en los meses estivales, aunque preferiblemente, debería hacerse durante todo el año. Para ello, son especialmente recomendables las especialidades veterinarias de uso tópico a base de piretroides: deltametrina y permetrina. Además es muy importante que la prevención sea de larga duración. La deltametrina está disponible en formato collar que protege a los animales frente a los parásitos durante 6 meses. La permetrina está disponible en formatos de aplicación mensual.

   El objetivo es evitar el contagio entre el insecto y el perro y estos productos presentan cerca de un 90% de protección. Además, se aconseja a los dueños que viven en las zonas endémicas que deben proteger al perro al cubierto, sobre todo de noche, momento en el que los flebotomos son más activos. La protección de la picadura de los flebotomos debe además garantizarse en aquellos perros ya infectados o enfermos para evitar la transmisión de la enfermedad a otros perros o al hombre.

   Por lo tanto, la utilización de métodos como los collares de deltametrina se aconseja en perros sanos para evitar el contagio, así como en aquellos ya infectados, reservorio de la infección, para reducir y controlar la infección y, por último, en aquellos casos en que el dueño viaja con el perro o se traslada por las vacaciones estivales a zonas de riesgo endémico.

   Para el Dr. Fernando Fariñas, “Varias investigaciones dedicadas al control del vector a través de antiparasitarios han demostrado que el uso de dispositivos con moléculas como la deltametrina, permetrina y otros piretroides son muy efectivos, llegando a proteger al perro de la picadura del flebotomo en un alto porcentaje durante toda la estación de riesgo. Existen estudios donde se aplicaban a perros que convivían con niños los collares de deltametrina. En un año no sólo se redujo la incidencia de Leishmaniosis en los perros, sino también en los niños”.

   Según el estudio realizado a veterinarios clínicos en España, un 12% de los encuestados reconoció haber tenido conocimiento de casos simultáneos de Leishmaniosis canina y humana. El perro que se infecta o desarrolla la enfermedad tiende a no curarse, a pesar de los tratamientos clínicos, ya que el parásito no desaparece. Por el contrario, en el hombre, el tratamiento terapéutico es bien tolerado y se ha demostrado una eficacia en el 98% de los casos.  

Leishmaniosis, si la conoces la previenes 

·         Se estima que en España el 7% de la población canina está infectada por Leishmania y ya hay regiones donde se llega a alcanzar el 30% y al menos 2,5 millones de perros infectados sólo en el Suroeste de Europa.  

 ·         Los expertos médicos y veterinarios advierten que la llegada de la estación estival y el aumento de las temperaturas, junto con los viajes continuos durante el verano, exponen a los perros a serios riesgos de ser contagiados de Leishmaniosis, una enfermedad muy grave tanto para el perro como para el hombre, - y que en el caso de los perros puede ser mortal-. 

·         Según un estudio reciente (*SAD online España), cerca de un 50% de españoles propietarios de perros conocen la enfermedad, un 88,2% de ellos tiene conocimiento que se puede transmitir al hombre pero sólo un 67% reconocen saber si se puede prevenir y, por lo tanto, no pone medidas.

Fuente:  María de la Torre Hernández (Madrid, España).   

 

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