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La Aftosa, el fútbol y las barreras parancelarias

Autor

Veterinaria.org

Fecha de publicación

29/11/1999

Resumen

En Asunción, Paraguay, acaba de terminar la Conferencia Internacional de Fiebre Aftosa con  asistencia de la Oficina Internacional de Epizootia (OIE). Los países miembros discurrieron sobre las actuaciones realizadas, la situación actual y de los programas futuros, en momento donde la crisis económica mundial aguijonea a países poderosos a tomar  acciones proteccionistas en desmedro de los más débiles. Por ejemplo: medidas paraarancelarias. Y, entre ellas, la aftosa es siempre una buena excusa para aplicarla, asumiendo que su universo está dividido en tres porciones muy bien discriminados,  a saber:

Artículo

a) El primer mundo. Como su nombre lo indica, comprende a los países desarrollados. Son los que intercambian sus mercancías manufacturadas, desde el mismo momento en que inventaron la división internacional del trabajo, por materia prima. En Argentina se trata de nuestros commodities. Es decir cereales.

Debido a la globalización de la economía se abrieron grandes mercados que necesitan adquirirlos para dar de comer a millones de seres humanos subalimentados, presionando la demanda y la elevación del precio internacional. La Argentina, merced al descomunal aumento de la producción granaria, resultado de la revolución tecnológica de los noventa, que casi triplicó en la actualidad el volumen agrícola, se encontró beneficiada con la venta y la consecuente entrada de fuertes divisas. De esta forma, bien se comprende, la agilidad de vender nuestros granos tanto a pueblos ricos como a los más pobres del orbe.

La contra cara es tratar de entrar con nuestras carnes al primer mundo. Esa porción que no  está  restringida por Guillermo Moreno para exportarla. La tarea es mucho más dura, pues en sus rodeos “no existe la aftosa ni tampoco vacunan”. Son socios del exclusivo club del circuito no aftósico donde el precio de la carne se cotiza dos veces y media más, y es el valor pagado entre pares que alcanzan tal estatus sanitario: EE.UU, Japón, CEE, Canadá, Israel, Nueva Zelanda, Australia, entre los agraciados. Y en Sudamérica, Chile por supuesto, y muy cerca, pisándole los talones, los Orientales Uruguayos.

b) Luego seguimos nosotros, incluido con otros, en la calificación de país emergente, aunque bien sabemos que el cincuenta por ciento de nuestros compatriotas viven en el sub desarrollo. Desde el año l994, y luego de una exitosa campaña logramos entrar, después de más de cincuenta años de intento, a otro club bastante distinguido intitulado“país libre de aftosa con vacunación”. Este estatus nos permite ingresar con nuestras carnes y ciertos recaudos al privilegiado mundo A.  Por cuya aceptación el valor de nuestro bife se aprecia bastante más, pero no tanto como se paga entre los cofrades del estadio superior. La excepción es la cuota Hilton. Una concesión graciable de casi treinta mil toneladas anuales que la Comunidad Europea importa de la Argentina y paga como si fuéramos más ricos que el mundo rico. Siete veces más del precio usual por cada mil kilogramos de carne proveniente del cuarto trasero del novillo, proveedor de los mejores cortes. En Argentina, la Cuota Hilton, como toda caja la distribuye un organismo del Estado: la Secretaría deAgricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, SAGPyA. Lo formaliza en otra concesión graciable entre frigoríficos locales que detenten capacidad exportadora, basado en una resolutiva cábala de repartija que da lugar a diversas interpretaciones, discusiones y peleas que terminan en la justicia. Para desgracia, como el Usía no entiende ni descifra cábalas, el proceso no se resuelve y los recursos de amparos tampoco.

En la época de Menem Presidente, supimos codearnos con el primer mundo del circuito no aftósico en un corto periodo de poco más de un año, a partir del 30 de abril de l999. A fuerza de inyecciones eliminamos el virus y dejamos de vacunar. De esa manera ascendimos a la A. La permanencia duró poco. Con Antonio Berongharay, el Director Técnico inadecuado, no pudimos mantener la categoría. La embestida viral del 2000 nos volvió al descenso del mundo emergente y, desde allí, debemos luchar nuevamente en pos del estatus perdido.

c) Por último vienen los del mundo del subdesarrollo. Son países que aprendieron a convivir con la aftosa. Excepto la India, tienen pocas vacas y más cabras que ovejas. Para ellos la ecuación es sencilla, antes de invertir en vacuna compran alimentos, preferentemente granos, mucho más barato que la carne.

Como se puede apreciar, la calidad de los países en relación con la aftosa se estratifican como en el fútbol. Todos están globalizados en primera, con la diferencia que algunos están en la A, otros en la B y los más pataduras en la C. Ergo, nadie quiere perder la categoría y descender. Lamentablemente, cuando se pone en juego la pelota de los intereses, caído el muro de Berlín, el peligro en el área no reside tanto en la aparición de la aftosa, sino cuando se la usa para formar barreras paraarancelarias que, utilizada como estrategia, es una nueva forma de protección prepotente. Es lo que ocurrió en el año 2006, con el rídiculo triple control sanitario impuesto por Argentina y Paraguay en el puente que une Posadas y Encarnación. A pesar de que somos hermanos mercosurianos y emergentes.

Fuente: Dr. Rubén Emilio García



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