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SENASA: Necesidad del Veterinario de Registro y el entremés de S

Autor

Veterinaria.org

Fecha de publicación

29/11/1999

Resumen

Cuando se proyectó en 1990 la ley de autarquía del SENASA, las Provincias proponían descentralizar los servicios sanitarios mediante la reestructuración del Organismo y el aporte de las organizaciones de profesionales veterinarios privados, como el medio más idóneo para cuidar la salud integral de los argentinos en nuestro inmenso territorio nacional.

Artículo

El SENASA, en el interior del país, aun siendo un Organismo aceitado para estar en lugar de los sucesos en tiempo y forma, amén de dictar alertas sanitarios precisos, no es autosuficiente y carece de los medios necesarios para cumplirlos. Su sola presencia no cubre todas las tareas inherentes que la sanidad reclama. Con esa finalidad se impuso el criterio de incorporar al Veterinario de Registro como integrante de un sistema de sanidad único y de responsabilidades compartidas dentro de cada Comisión Provincial de Sanidad Animal (COPROSA) reafirmando su presencia en el Consejo de Administración, con el representante de la Federación Veterinaria Argentina (FEVA).

Se debe tener en claro que la descentralización del SENASA no parte de crear una oficina regional dependiente de Buenos Aires como si fuera una sucursal, otorgándole un propio presupuesto. Es una forma de estructura cerrada donde los demás protagonistas, como las Provincias o los Consejos Veterinarios, ante cualquier in suceso o toma de decisiones son simples observadores o considerados cuerpos de reserva.

Está demostrado que en estas condiciones la Institución en lugar de mostrar agilidad, se vuelve pesada y sin reflejos cuando la trama lo atrapa y se le escapan controles o focos de enfermedades. Sucedió y sigue sucediendo como en la época del Juez Llermano, quien se hacía un picnic con los certificados en blanco dejados por técnicos obligados a cumplir doble inspecciones al mismo tiempo y no daban abasto en cubrir las tareas, precisamente por falta de personal. Lo mismo cuando se liberaron a la venta productos mal envasados o como se diera con alimentos contaminados con histaminas, por dar ejemplos, o los mismos focos de aftosa que aparecen inexplicablemente en lugares donde se vacuna.

Es ciclópea la tarea del Servicio Sanitario Nacional en controlar en su conjunto establecimientos pesqueros, avícolas, frigoríficos, ganaderos, de la cadena lechera, las tramitaciones engorrosas de habilitaciones e inspecciones generales y/o de rutas y fronteras, como también las enfermedades comunes y de las grandes luchas. Excluyo ex profeso la parte verde del ex IASCAV, porque sería enredar y volver kafkiano el relato.

El SENASA solo, no puede atender a estas tareas porque carece de estructura, recursos humanos y equipamiento suficiente. Déficit que lleva a encarecer y aumentar costos al movilizar personal de uno y otro lado del país con presupuestos ajustados, siendo posible atender con igual idoneidad por las provincias. En algunas Direcciones de Ganadería sobran veterinarios y paratécnicos que deberían ser incorporados a los servicios de sanidad, y cumplir las tareas sanitarias con acuerdos de obligaciones recíprocas.

Por ejemplo, el brote de aftosa de Santa Ana en Corrientes perfectamente se podía atender con el trabajo conjunto del SENASA, la COPROSA y profesionales locales, apoyados con los medios de la Provincia. Si bien deberán reconocerse los gastos inherentes, siempre tendrá un costo menor que movilizar tanto personal extra provincial y, en respuesta, la tarea será mucho más dinámica. De igual manera se pueden contemplar el cuidado de barreras sanitarias y los puestos fronterizos.

Lamentablemente, este ideal de trabajo conjunto no se conforma porque el SENASA mantiene el mismo modelo centralizado de los viejos tiempos y la sanidad animal, en el interior del país, sigue siendo su coto exclusivo, donde todo se resuelve tras sus muros y escuetamente se dan a conocer comunicados aislados sin la participación de las provincias y menos del inexistente grupo Regional.

Si no, veamos el comportamiento de los actores, extractando únicamente sus opiniones en los medios periodísticos ante el foco de aftosa en Santa Ana, Corrientes, que bien acredita lo que aquí escribo y pone al descubierto el divorcio existente entre instituciones y entidades:

1) Se dejó entrever que el brote podía tener origen de animales traídos de contrabando del Paraguay, allende los ríos Pilcomayo o Paraná.

2) Se dijo que había cicatrices por heridas de aftosa originados dos meses antes de la denuncia de la aparición del foco, el 7 de febrero, tiempo suficiente para blanquear animales en toda una región.

3) Se denuncia que un alto miembro de la FUCOSA, Fundación de Corrientes de Sanidad Animal, no cumplió su rol competente en la vacunación, poniendo en duda la eficacia de la campaña de inoculación y el aludido responde que son infundios.

4) Se difunde que las vacunas son de excelente calidad y se vacunó a todo el plantel de animales, según el capataz del campo; y a toda la tropa presentada en la manga, aclaró el profesional vacunador. ¿No habrá quedado algún animal perdido y sin vacunar en los bosquecillos como ocurriera en los rebrotes de General Conesa del sur argentino?

5) Publican el sacrificio de animales enfermos y sospechados de incubar el mal como manda la ley, al parecer sin clasificar el tipo racial de los animales muertos. Hubiera contribuido a descartar a ojo el presunto contrabando, pues los animales del otro lado del río son cruzas Nelore distintos a los nuestros con base Brahman o Braford, y la tarea de identificación fenotípica hubiera ayudado a despejar sospechas.

6) Por su parte el SENASA envía documentación para que la justicia investigue si hubo ilícito y el día 18 de abril levanta el operativo sanitario. El propietario del campo afectado declara que viaja a Buenos Aires a cobrar la indemnización, según dijo, prometido por el Servicio. ¿Ligeramente, sin sumario previo? ¿No se podría aprovechar y hacer un solo paquete e nvestigar si hubo conexión entre este caso y el olvidado contrabando del año 2000?

7) Analíticamente, estando todos los animales vacunados en una región, se debe descartar de plano culpar la presencia del virus al viento, un pedazo de carne con hueso, a pájaros o bichos silvestres o cualquier otra ocurrencia. Solo hay tres maneras de producirse la enfermedad cuando las vacunas son excelentes: a) Se vacunó mal por impericia en la noculación, b) Se rompió la cadena de frío de las vacunas y c) se dejó hacienda sin vacunar. Las tres deben considerarse variedades distintas de subvacunación. Sin estos factores adversos y vacunados la totalidad de la hacienda, es imposible que se produzca un brote por más que se introduzcan animales en forma clandestina, o el pasaje de un campo a otro, o se traiga de otras provincias e inclusive animales provenientes del contrabando. En estas movidas, solamente los animales foráneos enfermos mostrarán síntomas de la aftosa, pero nunca contagiarán al resto de la hacienda bien vacunada. La única manera de que el ganado local se expone a la enfermedad es cuando está subvacunado, entonces sí, se da el caso de que animales portadores contagien animales sin defensas. Es exactamente lo que ocurrió en octubre del año 2000 en la provincia de Misiones.

8) Pasados varios meses, nadie dijo nada sobre el origen del virus, si se confirmó la subvacunación o se descartó totalmente el contrabando, de lo contrario, no tiene sentido que el SENASA derive a la justicia para que investigue si hubo ilícito. Y este es el punto. En el movimiento clandestino de hacienda o en la subvacunación podrá litigar el propietario con el SENASA para dilucidar de quien es la culpa, y en ese impasse se resolverá quien deberá pagar las pérdidas e indemnizaciones. Pero el contrabando es un delito de terrible magnitud, causante de la epizootia del 2000 y, en este caso, el propietario es el único culpable y quien debe cargar con todas las penalidades que marca la ley.

9) La epidemiología indica que el SENASA, con el poder de policía sanitario, es el ente investigador y no puede dejar en manos de la justicia la resolución del ilícito y tampoco no determinar si hubo mala praxis en la vacunación. Primero debe investigar a fondo, reunir los antecedentes sumariamente y recién mandar al juzgado. Acá se obró al revés, por eso el Presidente de la Sociedad Rural de Corrientes declaró a los medios, “El SENASA se sacó el lazo de encima”. Como diciendo se lavó las manos. En esta tocada de oreja, la autoridad de la Institución no puede ser indiferente a la grave acusación y quedar pegada a la frase.

10) En el año 1993, en la terrible secuencia de aftosa en Bariloche, se determinó el origen del virus, de cómo sucedió el brote y la forma de expandirse. En Santa Ana, apenas ocurrió un foco delimitado a unos pocos potreros contiguos y nadie sabe nada.

11) En aquel entonces, tal como sucede ahora, cada cual opinaba con la intención de salvar la ropa y esquivarle al bulto, en ambos casos, nunca mejor aplicada la frase del Dr. Rivenson, el creador de la vacuna oleosa treinta años atrás, “La humilde estructura del virus no tiene la culpa de nada, solo pone al descubierto las miserias humanas”.  

Pregunta: ¿el presente sainete sanitario hubiera ocurrido si las instituciones estuvieran unidas y trabajaran organizadamente con el concurso de la COPROSA, FUCOSA, la FEVA, y los veterinarios de Registros como habíamos propuesto en el original proyecto de ley de autarquía?

Respuesta: indudablemente no. Pues entonces, la conclusión es evidente. Se debe cambiar el rumbo del SENASA y corregir su organización.  

 

Fuente: Dr. Rubén Emilio García 



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