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Enfermedades terminales y dilemas éticos

Autor

Veterinaria.org

Fecha de publicación

24/01/2010

Resumen

    En la monografía presentada en diciembre pasado sobre Leishmaniasis por estudiantes, hoy profesores, del último curso de la carrera de Geografía del Instituto del Profesorado Antonio Ruiz de Montoya de Posadas, con el objeto de presentar al Espacio Curricular de Investigación Educativa en Geografía, requisito para aprobar la Cátedra, decían que uno de los factores condicionantes que agudiza la enfermedad es la pobreza. “Las personas se ven impotentes  a tan avasallante problema: Las aguas estancadas, la proliferación de mosquitos, la situación económica contribuye a no poder mantener a los animales (perros) con el cuidado que se debería tener”. Resumían: “La calidad de vida de las personas son deficientes'.

   Al respecto, desde el conocimiento adquirido a través de la investigación dieron propuestas de cómo diseñar un programa de control: 'Las medidas de control de Leishmaniasis están en función del ciclo establecido por cada especie de las Leishmanias, existiendo una docena de posibilidades. Cada situación tiene sus prioridades y cada país sus propios recursos para definir antes de acometer un programa de control. La lucha contra la Leishmaniasis supone una visión integral de problema en sus vertientes de control del vector y reservorios, educación sanitaria, vigilancia pasiva y activa con registros de casos, desarrollo de métodos de diagnósticos que permitan la detección de los enfermos, caracterización de cepas, tratamiento precoz de los afectados y cuando sea posible. El enfoque de un programa requiere psicólogos, biólogos, epidemiólogos, médicos, veterinarios, etc. Además de estructura hospitalaria, centros de salud y laboratorios adecuados, personal bien entrenado y recursos económicos eficientes.

 Una vez más en los países más desarrollado, donde la leishmaniasis aparece de forma poco prevalente, no es prioridad para las autoridades sanitarias, y en aquellos países donde es un problema grave de salud, no existen los recursos'.
   

   De los veterinarios que entrevistaron el Dr. Víctor Padoán opinó lo siguiente sobre el tratamiento de la enfermedad: '...si el dueño opta por realizar el tratamiento, yo le explico que esto es para alargar la vida del perro, porque no tiene cura la enfermedad en animales'. Y la Dra. Carolina Acuña, quien presta servicio en el IMUSA, el Instituto de Sanidad Animal de la Municipalidad de Posadas, (atienden unos cuarenta perros por día) coincidiendo con esa opinión expresó: 'Una de las medidas en el IMUSA es que la Leishmaniasi Visceral no tiene cura en el perro, pero con tratamientos se puede prolongar la vida del animal, es por eso que en muchos casos donde no se logra ningún progreso de la salud de animal, se opta por la eutanasia'.
 
   Vale decir, que el tratamiento del animal con esta enfermedad es al solo objeto de prolongar la vida del sujeto. Importa el concepto porque da cuenta del hecho moral y ético en circunstancia en la cual el hombre, como ser racional, debe enfrentar  la decisión de aplicar tratamiento a un animal enfermo que no tiene cura  y que indefectiblemente acabará con su vida.
 
   Analogamente, y porque sirve a la reflexión comparativa, transcribo el siguiente artículo periodístico publicado por un medio de la Capital Federal:

 “Después de 45 días en los que no logró abandonar el respirador, que vivió en permanente diálisis porque sus riñones habían dejado de funcionar, tras seis operaciones y un sufrimiento difícil de medir, el cálculo de probabilidades impuso la escena más probable desde el principio. Y que disparó terribles dilemas éticos a los que el equipo de médicos que atendió a Sandro, no son ajenos. De hecho, el cardiólogo y especialista en trasplantes Guillermo Bortman -que lo atendió en Mendoza- se preguntó ya a mediados del mes pasado si 'no nos estamos ensañando para que viva'.  ¿Hubo, en este afán sin límites por salvar al ídolo, lo que en términos científicos se llama 'encarnizamiento terapéutico'? ¿Hasta dónde el propio impulso vital del paciente induce a sus médicos a prolongar inútilmente una agonía y en qué medida estos son responsables de generarles expectativas infundadas a sus pacientes en estado de máxima vulnerabilidad?'
 
   Salvando la distancia que existe entre estas dos especies, pero clasificados en el mundo del reino animal, nosotros los veterinarios también tenemos este dilema moral cuando debemos atender animales con enfermedades terminales. La Leishmaniasis Visceral, zoonosis que azota nuestra ciudad, nos enfrenta a esa situación.

   De mi parte presenté un estudio a los funcionarios nacionales, encargados en la lucha contra la Leishmaniasis, y a los del SENASA, Servicio Nacional de Sanidad Animal, referido al tratamiento de la enfermedad y la aplicación del Allopurinol, de uso humano, como fármaco para atenuar la patología y alargar la vida del enfermo. Adjunto en formato link, y como siempre con la intención de generar debate. 

Dr. Rubén Emilio García

rubengarciadigital.com.ar



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