Inicio  » Baul  » Reunión en los cuatro árboles (cuento)

Reunión en los cuatro árboles (cuento)

Autor

Veterinaria.org

Fecha de publicación

06/08/2010

Resumen

Dicen que hace muchos miles de años en la Tierra sólo se hablaba un solo lenguaje, pero un día sucedió algo extraño, los hombres empezaron a hablar en diferentes lenguas.

Artículo

Dicen que hace muchos miles de años en la Tierra sólo se hablaba un solo lenguaje, pero un día sucedió algo extraño, los hombres empezaron a hablar en diferentes lenguas. Al no entenderse, esto provocó un gran desbarajuste entre ellos que les hizo abandonar proyectos ya empezados y a dispersarse por todo el planeta.
Hasta aquí es lo que dicen que pasó, y a partir de ahora empieza mi cuento, con el problema que tuvieron que afrontar los animales el día que sus amos empezaron a hablar en diferentes idiomas.


En el tronco de un árbol, un pájaro carpintero, con su pico grababa lo siguiente:


REUNIÓN URGENTE


El presidente de este año, don perro, convoca a todos los animales sin excepción. A los de casa y granja. A los inquilinos inesperados. Y a los del bosque.

Día: Hoy mismo.

Lugar: En la zona del monte llamada “los cuatro árboles.”

Hora: Cuando el Sol alumbre “los cuatro árboles.”

Debido a la gravedad de la situación, se pide la asistencia de todos y la máxima puntualidad.

 

Poco antes de la hora señalada los animales fueron llegando. Formaban corrillos y hablaban unos con otros.


Llegada la hora, el presidente empezó ¡Veo que todavía no estamos todos! Dijo don perro ¡De todas maneras vamos a comenzar y ya irán viniendo!


¿Por qué se ha escrito inquilinos inesperados en vez de inquilinos indeseados que es lo que realmente son? Interrumpió preguntando un gallo algo peleón.


¡Eso, eso! Gritaron un grupo de animales de casa y granja apoyando al gallo.


Los inquilinos inesperados: Arañas, avispas, cucarachas, ratas, ratones, piojos, polillas, garrapatas, moscas, mosquitos, lagartijas, hormigas y otros, se levantaron en protesta silbando y gritando.


Uno de los ratones tomó la palabra ¡Si la reunión va a derivar en una protesta contra nosotros, yo me voy!


¡Yo también! Dijo una cucaracha.


¡Y yo! Decían a gritos los de su grupo.


¡Calma! ¡Calma! Exclamó don perro ¡No estamos aquí para ir contra nadie. Este no es ni el momento, ni el motivo de esta reunión. Estamos atravesando una situación nunca vivida hasta ahora y para encontrar una solución, antes tenemos que saber qué es lo que está pasando!


¡Don perro tiene razón! Afirmó una oveja ¡Tenemos que dejarnos de peleas y tratar de averiguar qué está pasando!


¡Muchos de los que estáis aquí habéis venido a verme porque de un día para otro habéis dejado de entender a vuestros amos…! Siguió diciendo don perro ¡A mí me ha sucedido lo mismo y os aseguro que estoy tan desorientado como vosotros…!


En ese momento, un cuervo interrumpió, diciendo ¿Y qué tenemos que ver los del bosque en este asunto? ¡Nosotros no tenemos amos!


¿Qué tenemos que ver? Preguntaron a coro muchos animales del bosque.


¡Es cierto que no tenéis amos…! Agregó don perro ¡Pero todo lo que los humanos hacen nos afecta a todos porque ellos son los que gobiernan el mundo. Quizás ahora, vosotros no estéis afectados como muchos de los que estamos aquí, pero… ¿hasta cuándo?  He creído necesario llamaros a todos para que sepáis que los animales de casa y los de granja estamos teniendo problemas y he querido avisaros para que estéis prevenidos por lo que pueda pasar!


¡A mí esto ni me incumbe, ni me interesa, yo me voy! Dijo una urraca.


¡Yo también! Dijo un zorro.


¡Si mañana tenéis problemas no vengáis a pedirnos ayuda! Replicó una yegua.


Los animales de casa y granja empezaron una tanda de silbidos y protestas contra la urraca y el zorro, y los del bosque contra los domésticos y el ganado.


¡Calma! ¡Calma! Volvió a pedir don perro ¡El que se quiera ir que se vaya, aquí no se obliga a nadie a quedarse, aunque creo que es de sabios estar enterados de todo lo que pasa a nuestro alrededor, por lo que pueda suceder!


¡Bueno…como ahora no tengo nada más que hacer, me quedo! Dijo la urraca.


 El zorro, algo indeciso, miró a todos los presentes que estaban en silencio y pendientes de lo que él iba a hacer, y finalmente dijo ¡Yo también me quedo!


¡Bien…! Dijo don perro ¡Vamos a continuar. A los animales de casa se nos ha presentado un serio problema, ya que de un día para otro nuestros amos han cambiado su manera de hablar, hablan de maneras muy raras, ni entre ellos mismos se entienden. Lo grave de este asunto, es que nosotros estamos siendo muy perjudicados ya que hemos dejado de entender las órdenes que nos dan. En mi caso, tengo a mi cargo un rebaño de ovejas y mi amo se enfada conmigo porque no hago lo que él me dice!


¡Mi amo también se enfada conmigo! Dijo un asno.


¡Y el mío también! Añadió un caballo.


¡Y el mío! Continuó un camello.


¡Todos estamos en la misma situación! Agregó un buey.


Una yegua y otros, afirmaron lo mismo. Entonces, intervino una ardilla, diciendo ¡Los humanos estarán borrachos!


¡No, este no es el problema, hay humanos que no beben y hablan tan raro como los que beben! Afirmó don perro.


¡Pues se habrán vuelto locos! Concluyó un lobo.


¡Tampoco es este el problema! Siguió diciendo don perro ¡No pueden volverse locos todos a la vez!


Mientras cada uno estaba dando su opinión sobre qué podía estar pasando, llegó una vaca toda acalorada.


¡Pido perdón a todos los presentes! Dijo ella ¡No he podido venir antes porque con todo este jaleo que tienen los humanos mis amos no me han ordeñado hasta ahora, aunque gracias a eso he podido saber qué es lo que está pasando!


Un gran vocerío se levantó entre todos los animales queriendo saber, todos preguntaban al mismo tiempo.


¿De qué te has enterado?


¿Qué pasa?


¿Qué está ocurriendo?


¿Cuál es el problema?


Nuevamente, don perro tuvo que intervenir, ¡Calma! ¡Calma! ¡Si todos hablamos a la vez no nos vamos a enterar de nada. Dejemos hablar a doña vaca!


¡Resulta…! Empezó diciendo ella ¡Que los humanos habían recibido la orden de  dispersarse y poblar toda la Tierra y ellos han optado por hacer lo contrario, han decidido quedarse aquí, en la llanura de Sinar. Estaban construyendo una gran torre que llaman de Babel y pretendían que llegara hasta el cielo, cuando les fueron impuestas  diferentes lenguas, así, al no entenderse, no pueden seguir con dicha construcción. Hay humanos que ya están recogiendo sus cosas para marchar de aquí…!


Al escuchar a doña vaca, muchos animales exclamaron un sonoro y preocupante ¡Oooh!


¿Y cómo has podido saber todo esto si ahora no los entendemos? Preguntó un gato.


¡Porque mis amos siguen hablando como siempre! Respondió ella.


¡Bueno…por fin sabemos qué está pasando! Dijo don perro ¡Mi consejo es que, a partir de ahora estemos más atentos de lo acostumbrado a todo lo que nuestros amos nos digan. Vamos a tener que aprender de nuevo las instrucciones que nos dan, y, seguramente, muy a menudo sufriremos sus enfados hasta que entendamos sus nuevos lenguajes. Si hay humanos que están recogiendo sus cosas para marchar, eso quiere decir que muchos de nosotros no nos volveremos a ver más. Os deseo mucha suerte a todos y hasta siempre, queridos amigos!


Un gran silencio se hizo entre todos. Algunos bajaron la cabeza preocupados. Otros se miraron intranquilos intentando saber qué pensaba el de al lado. Un tercer grupo se pusieron a cuchichear entre ellos. Y poco a poco fueron marchando igual que llegaron.


Todos los animales de casa y granja que habían asistido a la reunión en “los cuatro árboles”, llegaron a entender los nuevos lenguajes de sus amos y vivieron felices en los nuevos y distantes lugares del planeta a los que llegaron.


Dicen que desde aquellos días hablamos en diferentes idiomas. Pronunciamos las cosas de distintas maneras, mientras que en algunos sitios de la Tierra decimos gallina, en otros dicen hen y en otros poule.


¡A mí me llaman budguie! Dice en inglés un periquito.


¡A mí cavalo! Dice en portugués un caballo.


¡A mí schwein! Dice en alemán un cerdo.


¡A mí chatte! Dice en francés una gata.


¡A mí turchia! Dice en italiano un pavo.


¡A mí ovella! Dice en catalán una oveja.


¡A mí papagaio! Dice en gallego un loro.


¿Sabes cuántos idiomas se hablan en la actualidad?

Parece ser que es imposible dar una cifra exacta, ni siquiera aproximada. Las diferentes fuentes consultadas, calculan, entre 3.000 y 6912.


¿Cuántos idiomas conoces tú?


¿Y cuántos hablas?


Tus vecinos, amigos y compañeros de colegio, ¿hablan en idiomas diferentes al tuyo o a los tuyos?, ¿en cuáles? 


 

Autora: Montserrat Martínez Vila



Comentarios