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Evaluación de programas de salud pública veterinaria

Autor

Veterinaria.org

Fecha de publicación

03/12/2011

Resumen

Existe la necesidad de crear una cultura de evaluación en los actores sociales ligados a los programas de salud pública veterinaria.

Artículo

Por Julián Castro Marrero M.V. -  castromarrero45@gmail.com Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla   

Existe la necesidad de crear una cultura de evaluación en los actores sociales ligados a los programas de salud pública veterinaria. De tal manera de que sea la evaluación  una constante en los procesos administrativos de las instituciones que atienden las áreas de la salud y agricultura, y no conformarse con la revisión y presentación de volúmenes de actividades.

La evaluación es considerada una investigación aplicada, orientada a proporcionar datos e información que permitan establecer el merito y el valor de los diferentes componentes de un programa, comprobando la extensión y el grado en que sus logros se han dado, y conociendo los factores que influyeron en esos resultados.

Es vista la evaluación como una etapa o como un componente dentro del proceso del programa, que se debe ir cumpliendo en cada una de sus fases al ser estas desarrolladas.

Cabe destacar la necesidad de disponer de sistemas de información institucionales que proporcionen datos validos, precisos, fidedignos y confiables para nutrir el mecanismo de análisis  y discusión que conlleva una evaluación. Asunto a contemplar en la misma concepción del programa.

Existe la necesidad de crear una cultura o comportamiento de evaluación en los actores sociales ligados a los programas de salud pública veterinaria. De tal manera de que sea la evaluación  una constante en los procesos administrativos de las instituciones que atienden las áreas de la salud y agricultura, y no conformarse con la revisión y presentación de volúmenes de actividades.

Dejar a un lado el instrumentar  actividades continuas y/o periódicas, definidas bajo un marco programático, no obstante sin realizar ninguna revisión que señale de sus alcances ante los propósitos inicialmente definidos al emprender esas acciones y sin que se establezcan los niveles de eficiencia en la utilización de los recursos invertidos para tal fin.  

En general en la evaluación de programas ha predominado lo referente a la rentabilidad financiera, basada en análisis del costo del producto en relación a los resultados (costo-beneficio, tasa de retorno, valor presente neto). Ahora bien, vista la condición de los referidos a la salud pública veterinaria, hay que tener en cuenta la rentabilidad social, rentabilidad política y el impacto sobre un determinado colectivo. Así como también su incidencia e inserción en el desarrollo y en los indicadores de crecimiento económico. 

El primer momento de intervención en el programa para su evaluación se refiere a su diseño y conceptualización. Es vital establecer su inserción en las políticas públicas, y conocer de los pasos cumplidos de negociación para su aprobación. Constatando la incidencia del problema a atender y su distribución espacial y en el tiempo, y su ubicación en el registro de necesidades existentes en el sector salud o agrícola. Hay que determinar la sustentabilidad y viabilidad de generar el impacto social deseado en términos políticos, sectoriales, institucionales y económico-sociales, y esto  pasa por:

  • -          Valorar los objetivos propuestos, y sus alcances en función de las estrategias, tiempo de ejecución, técnicas-metodológicas contempladas, actividades y recursos financieros propuestos.
  • -         Establecer la capacidad de la institución a cargo del programa en lo referente a su infraestructura, cobertura geográfica, experiencias previas, recursos humanos y su formación y la relación institucional para con el colectivo social a ser atendido.
  • -          Identificar la fuente de financiamiento, la consecución de los recursos financieros y la proyección de la asignación durante la duración del programa.
A posteriori hay una segunda intervención referida a la instrumentación y seguimiento del programa sobre el grado en que las actividades realizadas y los resultados obtenidos responden a lo planificado, para la fase o tiempo cumplidos. Los aspectos a ser evaluados comprenden la operación y sus resultados o servicios producidos. Básicamente relacionados a la cobertura y la instrumentación de los componentes programáticos.

La cobertura generalmente está planteada y se evalúa en lo geográfico y poblacional acorde con las metas trazadas. Teniendo como insumo las actividades realizadas o servicios prestados. Valorizando su tipo, cantidad y calidad.

En la instrumentación la observación va dirigida a la administración de las acciones y de los recursos. En como responde la organización institucional, el ritmo del flujo en la dotación de los recursos contemplados inicialmente y al rendimiento del personal.

El seguimiento sistemático y periódico permite detectar oportunamente eventuales obstáculos o deficiencias y aplicar lo correctivos necesarios en la operación o llevar a cabo ajustes en la planificación.

La utilización de la evaluación de procesos es de utilidad para mejorar la eficiencia y/o corregir deficiencias detectadas. Evaluar los sistemas y procesos, a las personas involucradas y los resultados cualitativos y cuantitativos que se están observando son pertinentes en esta fase del seguimiento.

Al termino del programa la vertiente se encamina hacía los resultados finales y el impacto socio-económico, es decir a una evaluación de eficacia. Se evalúa el grado de cumplimiento de los objetivos trazados inicialmente en la planificación, en términos de su efectividad. Estableciendo, sí modificó las condiciones del colectivo o población beneficiaria en relación  al problema que originó la programación en cuestión.

Así mismo una evaluación de eficiencia considerada de rentabilidad económica-financiera, que debe añadir un análisis de la rentabilidad política y social obtenida.

El impacto social se expresa en los cambios o variaciones deseadas en los destinatarios de las políticas y programas que estas originan. Se coloca a manera de ejemplo, entre otros, temas como:

  • Satisfacer necesidades identificadas con prioridad en el seno de esa población o sector productor.
  • Promover el mejoramiento de los índices de salud pública.
  • Generar o fortalecer instancias organizativas de asociación o participación de los actores sociales,
  • Promover o procurar condiciones para el mejoramiento del perfil de sanidad animal (bajar índices de incidencia o prevalencia de una enfermedad o erradicar una enfermedad) o alzas en los índices de productividad en las unidades de producción pecuaria.
  • Mejorar el perfil de salud del personal ligado a la cadena productiva de la industria cárnica o láctea.
  • Crear una cultura sanitaria en determinado colectivo dedicado a trabajar en mataderos o frigoríficos o en criar aves o cerdos.
La promoción de la salud pública veterinaria debe llevar a incrementar la cultura sanitaria y la participación social en los programas sanitarios.


Instaurando condiciones que permitan a los beneficiarios participar en el diseño de estrategias y tácticas  para instrumentar los programas sanitarios, e incorporar su conocimiento instrumental en la ejecución de tareas. En fin se crean espacios de participación donde la sociedad pone en práctica su iniciativa y capacidad de gestión.


No obstante, no debe quedar ahí, sino que en determinada fase participen estos en las evaluaciones, para conocer su visión de los impactos y de la metodología técnico-administrativa utilizada para llevar a cabo los planes.


Consultas bibliográficas


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