Asociación Española de Veterinarios Especialistas en Diagnóstico por Imagen (AEVEDI)


Indicaciones actuales de la cirugía toracoscópica

Ramón Rami Porta. Sección de Cirugía Torácica. Hospital Mútua de Terrassa. Terrassa, Barcelona

 

1.- Introducción.

Si un futuro historiador de la medicina repara en el siglo XX y se interesa por la cirugía torácica, se dará cuenta, entre otras muchas cosas, que el principio y el final de siglo tienen un elemento en común: la toracoscopia.

Nacida en 1910 de la mano de un profesor de medicina sueco, Jacobaeus, la toracoscopia, una técnica inicialmente empleada para la liberación de adherencias pleurales en aquellos casos en los que se debía practicar un neumotórax terapéutico para tratar la tuberculosis pulmonar, pronto demostró ser una técnica muy eficaz en el diagnóstico de enfermedades pleuro-pulmonares. Hasta el final de la década de los años 80, la toracoscopia evolucionó poco. Su indicación principal fue el diagnóstico del derrame pleural no diagnosticado por los métodos habituales, como el análisis del líquido pleural o la biopsia pleural ciega. Entre otras indicaciones diagnósticas figuran la biopsia pulmonar. Entre las terapéuticas, la simpatectomía torácica, para tratamiento de la hiperhidrosis palmar, la ventana pleuro-pericárdica, para tratamiento de derrames pericárdicos, y el neumotórax espontáneo, aunque la vertiente terapéutica de la exploración quedó muy limitada por la escasez de instrumental.

Sin embargo, en estos últimos diez años, los avances en los sistemas ópticos y de miniaturización de cámaras de vídeo, así como la adaptación del instrumental quirúrgico al uso endoscópico, han dado un espectacular giro a la toracoscopia. La incorporación de la cámara de vídeo ha hecho que se acuñara el término videotoracoscopia, aunque el vídeo no es, ni mucho menos, el único elemento renovador de la técnica. Todo el instrumental actual, diseñado específicamente para endoscopia, en especial las suturadoras-cortadoras mecánicas, unido a una visión del campo quirúrgico ampliada en pantalla de televisión, ha hecho que se puedan realizar verdaderas intervenciones de cirugía torácica por vía endoscópica estricta (cirugía toracoscópica) o con la ayuda de una pequeña toracotomía (cirugía torácica asistida por vídeo), que es de utilidad no sólo para llevar a cabo la intervención, sino para extraer la

 

2.- Indicaciones

2.1.- Indicaciones pleurales

Con mucho, las indicaciones pleurales son las más frecuentes y el neumotórax espontáneo va en cabeza en diversas partes del mundo. Su frecuencia relativa, dentro de series amplias, va desde el 25% en Taiwan (1) al 56% en Francia (2). En registros multicéntricos del Japón (3) y de España (4), se sitúa en el 45% y el 49%, respectivamente.

La popularidad de esta indicación radica en que el instrumental actual permite realizar las mismas maniobras quirúrgicas que se realizan mediante una toracotomía. Efectivamente, se pueden realizar resecciones pulmonares atípicas para eliminar los complejos bullosos, se pueden ligar bullas pediculadas y electrocoagular bullas pequeñas. Con ello, se eliminan las lesiones parenquimatosas causantes del neumotórax. Por otra parte, la toracoscopia actual permite realizar cualquiera de los múltiples tipos de pleurodesis para evitar la recidiva del neumotórax: abrasión mecánica, electrocoagulación, escarificación con láser de la pleura parietal, pleurodesis química con talco o tetraciclina e, incluso, la pleurectomía parietal apical.odas estas técnicas se pueden utilizar solas o en combinación, con resultados diferentes. La menor tasa de recidiva, inferior al 2%, se obtiene cuando se combina la resección de las lesiones parenquimatosas con pleurodesis mecánica (5, 6, 7).

El derrame pleural ha sido y sigue siendo una de las principales indicaciones de la toracoscopia clásica. También puede utilizarse la videotoracoscopia para su diagnóstico, aunque dada la alta rentabilidad de la primera (8), técnica barata que precisa instrumental sencillo, no parece justificado el empleo de la parafernalia videotoracoscópica para esta indicación, a no ser que sea necesario realizar otras maniobras intratorácicas, como biopsias pulmonares o mediastínicas asociadas.

La cirugía toracoscópica se ha empleado en la resolución de empiemas de diversa etiología (paraneumónicos, postquirúrgicos, complicando hemotórax, etc.) (9). En la mayoría de los casos, sobre todo si son empiemas de menos de tres semanas de evolución, se consigue su resolución, ya que la cirugía toracoscópica actual permite el desbridamiento y drenaje de las cámaras empiemáticas y la decorticación. En casos precoces, se puede evitar la toracotomía y acortar la hospitalización (10).

El desbridamiento y drenaje toracoscópico en hemotórax postoperatorios, traumáticos, tumorales o yatrogénicos consigue, también, su resolución (9), aunque su papel en hemotórax crónicos retenidos no está completamente dilucidado (11).

En quilotórax de diversa etiología (yatrogénicos, congénitos, por trombosis de la vena cava, amiloidosis, traumatismo, neoplasia, postradioterapia y postneumonectomía) (12, 13, 14) que no responden al tratamiento conservador, la cirugía toracoscópica puede evitar la toracotomía. Permite la exploración de la cavidad pleural y la identificación de la fuga quilosa, así como la realización de varias maniobras terapéuticas: pleurodesis, ligadura del conducto torácico con clips o suturas, ligaduras con clips de la pleura circundante o aplicación de colas de fibrina.

 

2.2.- Indicaciones pulmonares

Otra de las indicaciones más frecuentes de la cirugía toracoscópica es la biopsia pulmonar. Aunque la muestra de tejido pulmonar puede obtenerse seccionando el parénquima con bisturí y coagulación, lo que implica la necesidad de una sutura de la zona cruenta, con láser o mediante una ligadura de la base de la zona que se quiere biopsiar, la técnica más empleada es la resección pulmonar atípica con suturadora-cortadora mecánica. Estas máquinas colocan seis filas de grapas y cortan simultáneamente entre ellas, dejando tres filas de grapas a ambos lados de la sección. Las grapas son hemostáticas y aerostáticas. Las biopsias obtenidas son comparables a las que se pueden obtener por toracotomía y mucho más generosas que las que se obtienen por toracoscopia clásica con las pinzas que extraen pequeños bocados de pulmón. A diferencia de la minitoracotomía, que permite un acceso limitado a una zona concreta del pulmón, la videotoracoscopia permite la exploración de toda la superficie pulmonar y la toma de biopsias en diferentes zonas. Como contrapartida, casi no se puede palpar el pulmón y no se puede realizar en pacientes que no toleran la ventilación unipulmonar (necesaria para trabajar en ese hemitórax) o cuando existen adherencias pleurales extensas.

En comparación con la minitoracotomía, técnica habitual para biopsia pulmonar abierta antes de la videotoracoscopia, los pacientes sometidos a esta última tienen una hospitalización más corta (15) y menos complicaciones (16).

La resección de nódulos pulmonares con fines diagnósticos o terapéuticos (17) comparte la misma técnica que la biopsia pulmonar, ya que no deja de ser una biopsia pulmonar en la que se incluye el nódulo. Esto es así de fácil cuando el nódulo está próximo a la superficie pulmonar, se ve directamente o abulta cuando el parénquima se colapsa. En otras situaciones, la localización del nódulo puede ser un verdadero problema que puede hacer fracasar la intervención y obligar a una toracotomía. Entre las técnicas utilizadas para la localización de nódulos está la ultrasonografía intraoperatoria y la colocación preoperatoria por contol de tomografía axial computarizada de una aguja o un gancho en el nódulo unidos a un hilo que aflora por la superficie pulmonar (18). También se han utilizado contrastes a base de azul de metileno que se inyectan preoperatoriamente sobre el nódulo (19) y sofisticados sensores táctiles que permiten localizar nódulos no visibles de menos de 2 cm de diámetro y diferenciarlos de los bronquios (20).

La resección de pequeños carcinomas broncogénicos en forma de nódulo pulmonar es técnicamente posible, pero este tipo de cirugía está lejos de ser oncológicamente idónea, ya que está gravada con un incremento de las recidivas locales en comparación con la lobectomía (21). En casos de nódulos metastásicos, su resección por esta vía es útil en cuanto al diagnóstico histológico de la lesión, pero al no poderse palpar el pulmón de forma adecuada, más de la mitad de las lesiones puede pasar desapercibida (22).

En cuanto a las indicaciones en el carcinoma broncogénico, las encontramos en el diagnóstico de las formas nodulares, ya comentadas en el apartado anterior, en la estadificación y en el tratamiento. Hay quienes utilizan la exploración videotoracoscópica de forma sistemática antes de la toracotomía para esclarecer la resecabilidad de la tumoración, evitando un 12% de toracotomías exploradoras (23). Sin embargo, lo más habitual es su utilización selectiva en casos de derrame pleural, nódulos periféricos únicos o múltiples, uni o bilaterales, o adenopatías hiliomediastínicas (24, 25, 26, 27, 28). No suele haber morbilidad y la mayor complicación es la existencia de adherencias pleurales que pueden dificultar o imposibilitar la exploración.

Se están realizando lobectomías y neumonectomías por vía toracoscópica, con ayuda de una pequeña toracotomía, como tratamiento del carcinoma broncogénico (29, 30, 31, 32) y disponemos de descripciones detalladas de la técnica para cada lobectomía (33). El problema más importante es la linfadenectomía mediastínica, que debe acompañar a toda resección pulmonar por carcinoma. Parece que no se puede realizar con la misma radicalidad con la que se efectúa en una toracotomía y que, realmente, se trata de un muestreo ganglionar más o menos amplio. Lo que sí se consigue, al evitar la toracotomía, es la recuperación precoz y el acortamiento de la hospitalización (29, 30).

El enfisema pulmonar, tanto bulloso como generalizado, puede tratarse quirúrgicamente con esta vía de acceso al tórax. La ablación de las bullas con láser es la técnica habitual en el enfisema bulloso (34, 35). Con ello se consigue una mejoría subjetiva de la disnea, que se correlaciona con la mejoría de los datos objetivos de función pulmonar.

Una técnica mucho más reciente es la reducción del volumen pulmonar en casos de enfisema generalizado heterogéneo. Consiste en eliminar las zonas más enfisematosas del pulmón, lo que, en la práctica, representa la extirpación de entre un 20% y un 30% del parénquima pulmonar, generalmente de los lóbulos superiores. Al eliminar estas zonas más enfisematosas, se reduce la presión sobre las vías aéreas y se mejora el flujo aéreo, lo que lleva a una disminución de la disnea. Esta técnica, realizada inicialmente por esternotomía media (36), se puede realizar, también, por vía endoscópica, de forma uni o bilateral, con láser o con suturadora-cortadora mecánica (37, 38, 39).

 

2.3.- Indicaciones mediastínicas

La cirugía toracoscópica se ha aplicado con frecuencia creciente al diagnóstico y tratamiento de tumoraciones mediastínicas. La extirpación de quistes broncogénicos y esofágicos (40, 41), así como el diagnóstico y tratamiento de masas mediastínicas de diferente naturaleza es técnicamente posible (42, 43).

La timectomía toracoscópica evita la esternotomía media y se ha realizado en casos de miastenia gravis y en timomas no invasivos, accediendo al timo por el hemitórax izquierdo o derecho, sin morbi-mortalidad (44, 45).

 

2.4.- Indicaciones pericárdicas y cardíacas

La cirugía toracoscópica permite realizar el diagnóstico de certeza y el tratamiento de los quistes pleuro-pericárdicos en el mismo acto operatorio (46, 47), sin la agresión de la toracotomía y sin el riesgo de recidiva de las punciones-aspiraciones percutáneas.

La vía toracoscópica es una alternativa válida al abordaje subxifoideo o a la toracotomía para la exploración pericárdica y la realización de una ventana pleuro-pericárdica, sobre todo en casos de derrame pleural concomitante. Permite obtener muestras del líquido y tejido pericárdico y realizar una pericardiectomía más o menos amplia según la necesidad (48, 49, 50).

Ni siquiera el corazón y los grandes vasos han sido ajenos al desarrollo y evolución de la cirugía toracoscópica. En cirugía cardíaca de adultos, se están empleando técnicas mínimamente invasivas para la realización del by-pass aorto-coronario a través de una toracotomía anterior o una mediastinotomía anterior, con o sin circulación extracorpórea. En estos casos, la videotoracoscopia se utiliza para disecar la arteria mamaria interna (51, 52). En pediatría, se realizan interrupciones del conducto arterioso y secciones de anillos vasculares, entre otras anomalías menos frecuentes (53, 54).

 

2.5.- Otras indicaciones

La cirugía toracoscópica permite realizar esofagectomías por cáncer o por estenosis cáusticas, incluso con una amplia disección adenopática mediastínica, aunque las dificultades intraoperatorias son más difíciles de resolver y las complicaciones postoperatorias parecen similares a las encontradas en cirugía convencional (55). También se pueden realizar miotomías para tratamiento de la achalasia o del espasmo difuso del esófago, así como resección de miomas (56).

Por videotoracoscopia se pueden diagnosticar y tratar pequeñas tumoraciones de la pared torácica (57), tener acceso a la parte anterior de la columna dorsal (58) y realizar discectomías, osteotomías anteriores, corporectomías y fusión de cuerpos vertebrales sin necesidad de toracotomía (59).

Sobre el sistema nervioso autónomo, se han realizado vagotomías para tratamiento de la úlcera duodenal crónica o para tratar recidivas después de vagotomía por laparotomía (60). También permite un excelente acceso a la cadena simpática dorsal, cuya sección, simpatectomía, es efectiva para tratar síndromes vasculares isquémicos de las extremidades superiores y la tan molesta hiperhidrosis palmar, evitando así la toracotomía axilar o la postero-lateral (61, 62).

Por último, en traumatismos torácicos y politraumatizados estables, la cirugía toracoscópica tiene indicaciones diagnósticas y terapéuticas. Se ha utilizado para identificar la causa de hemotórax, para confirmar el diagnóstico de hernias diafragmáticas traumáticas (63) y para diagnóstico y tratamiento de roturas pericárdicas (64, 65).

 

3.- Complicaciones

Cada procedimiento puede tener sus complicaciones específicas, pero, en general, son escasas. En una serie multicéntrica (3) que reúne cerca de 6.500 pacientes, las complicaciones se dieron en el 5,5% de los casos, con la fuga aérea persistente en primer lugar con un 2%. Catorce (0,2%) pacientes fallecieron por las siguientes causas: 9 por insuficiencia respiratoria, 2 por hemorragia, 1 por sepsis, 1 por empiema y 1 por neumonía.

 

4.- Conclusión

La introducción de la cirugía toracoscópica en la práctica quirúrgica diaria y su aplicación a un creciente número de indicaciones ha hecho posible la realización con éxito de numerosas técnicas quirúrgicas en la totalidad de órganos y estructuras torácicas, sin necesidad de toracotomía, y con una baja morbi-mortalidad. En esta primera década de desarrollo, los resultados de esta forma de acceso quirúrgico se han comparado, principalmente, con series históricas. Convendría que, una vez consolidada esta etapa de perfeccionamiento técnico, con el inicio del nuevo siglo, se diera paso a otra de estudios prospectivos, comparativos y aleatorios para poder establecer, en su justa medida, el beneficio relativo de esta nueva modalidad operatoria en comparación con la técnica estándar de cada procedimiento, al menos en aquellas indicaciones que por su frecuencia (neumotórax espontáneo, biopsia pulmonar, simpatectomía) o por su importancia oncológica y clínica (resecciones lobares y neumonectomías para carcinoma broncogénico, resecciones atípicas para metástasis, reducción del volumen pulmonar en el enfisema) tienen una especial relevancia.

 

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